Portugal es uno de los países más bellos de Europa. Tiene playas preciosas y ciudades que no dejan indiferente. Es el caso de su capital, Lisboa, una ciudad llena de historia, monumentos y paisajes. Fue una de las ciudades más importantes en la Era de los Descubrimientos, en la que multitud de expediciones partieron de su puerto para descubrir el Nuevo Mundo. Y es que Lisboa goza de una ubicación envidiable en el centro del país y abierta al Océano Atlántico. Pero, ¿qué hay que ver en Lisboa?
En primer lugar, un secreto a voces: Lisboa hay que recorrerla andando. A pesar de tener calles empinadas y adoquinadas, hay que calzarse un zapato cómodo y… ¡a vivirla! A medida que más se desgasta la suela, más estarás disfrutando de su belleza y te mezclarás con su gente, de la que su amabilidad y calidez es vox populi. Entre esas calles adoquinadas, irás encontrándote con bellezas arquitectónicas como la catedral de Santa Catalina o la plaza del Comercio. También es imprescindible perderse en los barrios de la Baixa, la Alfama, Belém y Chiado y Bairro Alto. En éste último seguro que encuentras algún local en el que escuchar un tradicional Fado portugués lleno de nostalgia y melancolía. Si en algún momento tus fuerzas flaquean, puedes comprar la tarjeta 7 colinas (también conocida como Viva Viagem) en cualquier estación de metro. Cuesta 50 céntimos y puede recargarse con una tarifa diaria de 3,55 euros que te permitirá hacer viajes en todos los medios de transporte de Lisboa de manera ilimitada. No te vayas de Lisboa sin montarte en uno de sus históricos tranvías.
Lo bueno de Lisboa es que el alojamiento tampoco es demasiado caro. Hay hostales que se ajustan a las necesidades de todos los viajeros y sin tener que alejarse demasiado del centro de la ciudad. Un dormitorio compartido puede salirte a 10 euros la noche, pero puedes encontrar una habitación privada en un hotel barato en Lisboa por menos de 21 euros, ¡lo cual no está nada mal! Pero antes de dormir, hay que pensar en una buena cena. No te puedes ir de Lisboa sin probar sus delicias gastronómicas. Pero tienes que saber una cosa: en muchos de los restaurantes de Lisboa, cuando pides la bebida te suelen traer un plato de entrantes sin que lo pidas. Si lo consumes, éste se te cobrará al final. Si no lo quieres, debes decirle amablemente al camarero que lo retire y así no tendrás que preocuparte por llevarte una sorpresa con la cuenta. Sabido esto, uno de los platos que sí debes pedir que te traigan es alguno con bacalao. En el restaurante Río Coura, que se encuentra muy cerca de la Catedral da Sé, te lo servirán a buen precio y acompañado de arroz. Otro lugar donde degustar la gastronomía portuguesa sin gastar mucho es en el bar que hay en la terraza de la iglesia de Nuestra Señora de Graça, en el que podrás tomar cervezas a solo 1,20 € mientras disfrutas de unas espectaculares vistas de la ciudad.
Afortunadamente, Lisboa no es una ciudad cara, así que los viajeros de presupuesto ajustado pueden visitarla sin miedo a arruinarse. Además, como en todas las ciudades, cuenta con sus secretos para poder visitar sitios y monumentos sin tener que gastar demasiado.